La dieta del insecto comestible desembarca en Europa

Europa es el único continente del mundo donde no se consumen. No hay una razón científica detrás, sino más bien un motivo cultural. Los insectos forman parte del menú diario en una mesa colombiana o mexicana. Y lo mismo ocurre si nos vamos al otro lado del mundo, a Asia donde también se consumen con total normalidad. Para ser exactos, y por increíble que nos parezca, estos pequeños seres han formado parte de la dieta de los humanos desde tiempos remotos. También de las civilizaciones griega y romana, cunas de la cultura europea.

Cada vez hay más restaurantes europeos que se animan a incluirlos en la carta, después de que el parlamento europeo haya regulado una serie de nuevos alimentos, entre los que se encuentran los insectos. Ahora sólo hay que superar una barrera: la aprensión que nos da comerlos. Todo es acostumbrarse y concienciarse de las ventajas que tienen. De momento, podemos empezar familiarizándonos con los nombres: chapulines, gusanos del maguey, chicatanas, escamoles, jumiles, chamuis, hormigas culonas, limosneros… Pequeños manjares, habituales en países de Latinoamérica, como Colombia y México.

De momento, en el mundo hay cerca de 2.000 millones de personas que comen insectos, según informa Naciones Unidas. Y podrían ser muchos más en los próximos años, dado el aumento de la población previsto para las próximas décadas y la necesidad de aumentar la producción de alimentos para atender la demanda.